Visita guiada Algameca chica (Cartagena)

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La asociación TALENTOS organiza junto a la asociación de vecinos y Redin, una salida senderista al poblado La Algameca Chica. El historiador José Ibarra ha tenido la generosidad de ser nuestro guía y nos  contará la historia de este poblado asentado en Cartagena, hace casi doscientos años.

La actividad es GRATUITA*, está destinada a jóvenes y mayores; aunque también pueden asistir niños y niñas (de 6 a 11 años) acompañados de un adulto. Además, las vecinas lugareñas han preparado un TALLER * para entretenimiento de los más pequeños.* Habrá un pequeño mercadillo de artesanía que realizan los vecinos, para recogida de ayuda en el mantenimiento de la zona.

En cualquier caso para asistir, es necesario inscribirse completando el formulario [pincha aquí] El plazo de inscripción terminará el miércoles 8 de noviembre a las 22h00; o cuando se completen las 40 plazas disponibles. * Las plazas se asignarán por orden de solicitud y tendrán preferencia los socios de Talentos. ** Para el taller, el aforo es de 20 personas.

FICHA de la actividad:

Fecha: domingo 12 de noviembre  de 2023. 

Hora: 10h30 Punto de encuentro: Entrada fábrica Naviantia. Ubicaciónhttps://maps.app.goo.gl/EPVyMcsibonF8MJs7. Se recomienda calzado cómodo, tipo montaña o deportivo. 

12h30. TALLER de RECICLAJE. Es necesario traer un envase tetrabrick, de litro, limpio en su interior y un trozo de tela.

13h30. COMIDA: Nos quedaremos a comer en plan Pic-Nic.

GALERÍA

FUNDAMENTO

La Algameca Chica, o la postal que contiene todos los veranos de nuestra vida. Todo en derredor adquiere un tono sepia, retro, de una futura nostalgia. Compuesta por ciento diez barracas donde se alojan diez familias de forma permanente, además de numerosos veraneantes que legaron su parcela de paraíso, La Algameca Chica es una comunidad, una isla en tiempo y espacio que recuerda a los poblados acuáticos de cualquier bahía asiática. Un anzuelo que nos sumerge en un “microuniverso” donde el sol y la brisa perduran para siempre.

El nacimiento de La Algameca tuvo lugar como fruto del destino, o quizás la voluntad de la Amalia, bruja y echadora de cartas cuya casita perdida en algún lugar de la costa de Cartagena ya confirmaba el poético habitar en este litoral lleno de leyendas y misterios. De hecho, el dicho “cuéntaselo a la Amalia” es hoy el mantra vecinal que aún flota entre puertas azules y rejillas colmadas de macetas.

La apertura del actual emplazamiento de La Algameca tuvo lugar en el siglo XVIII, cuando Carlos III completó la construcción de una muralla defensiva en torno a la ciudad de Cartagena. Este proyecto supuso el desvío de la rambla de Benipila hacia el mar formando una bahía, una algameca, que invitó al Mediterráneo a entrar en tierra hasta formar el único paisaje de ría de todo el sureste español. La defensa a través de baterías instaladas en este punto estratégico durante el siglo XIX atraería la presencia de una taberna y cinco primeras viviendas a las que se sumarían muchas más en los años venideros... [texto de Alberto Piernas, extraído de su artículo en el periódico La Vanguardia, artículo completo pincha aquí]

Desde entonces, este conjunto de barracas de bañistas y pescadores se ha visto atrapado entre dos aguas: la alegalidad de un asentamiento fortuito y la buscada condición de Bien de Interés Cultural como forma de proteger este espejismo en el tiempo.

El modo de vida en La Algameca es digno de estudio antropológico y social: sobre cada vivienda hay un depósito con agua traída de un manantial. “Te sorprendería lo que puede cundir el agua bien utilizada”, apunta José Manuel. La luz es propulsada por placas solares porque aquí no llegan las facturas de la luz, y un puente une las dos riberas de La Algameca atravesando la ría...

Ibarra es también cicerone de la visita guiada que se realiza cada mes a través de la web de la Asociación de Vecinos de La Algameca Chica. Igualmente, cualquier persona, que se encuentre realizando la ruta de senderismo que enlaza el puerto de Cartagena con La Algameca, puede visitar el pueblo, colarse por esa trampa del tiempo y sentirse como en casa.

Quizás cuando regreses dejes atrás los colores y tonos sepia, esa nostalgia que solo perdura aquí. Pero nos quedará la sonrisa de quien conoció el secreto, con el corazón hinchado de salitre y viento. Porque en La Algameca, el verano no es una estación, sino un eterno estado de la mente. [texto de Alberto Piernas, extraído de su artículo en el periódico La Vanguardia, artículo completo pincha aquí]

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